Circle: No todas las empresas pueden emitir una stablecoin
Circle: No todas las empresas pueden emitir una stablecoin
Las stablecoins han pasado silenciosamente de ser una "utilidad cripto" a convertirse en una pieza fundamental de la infraestructura financiera global. En 2025, la conversación se aceleró: más instituciones exploraron los pagos on-chain, los reguladores avanzaron hacia marcos más claros, y más empresas comenzaron a hacerse la misma pregunta: ¿deberíamos emitir nuestra propia stablecoin?
El ejecutivo de Circle, Kash Razzaghi, planteó este dilema con claridad en su ensayo “La trampa de la stablecoin: emitir una sin contar con la infraestructura adecuada” (tema ampliamente comentado también en traducciones de la industria y análisis especializados). La idea central es sencilla, pero a menudo pasada por alto: emitir una stablecoin no es lanzar un producto; es operar una infraestructura financiera que debe estar disponible todo el tiempo, basada en confianza, liquidez y cumplimiento normativo. (Referencias: Blog oficial de Circle, BlockBeats)
Este artículo analiza la "trampa de la stablecoin" en términos prácticos: qué infraestructura se necesita realmente, por qué tantos equipos la subestiman y qué deben tener en cuenta los usuarios al elegir o utilizar una stablecoin.
La “trampa de la stablecoin”: cuando se confunde tokenización con banca
A simple vista, emitir una stablecoin parece relativamente fácil:
- desplegar un contrato inteligente
- fijar su valor a 1 USD (o 1 EUR)
- aportar liquidez en exchanges
- promocionarla como “pagos más rápidos”
Pero la promesa real detrás de una stablecoin no está en el token en sí, sino en la credibilidad para redimirlo, a gran escala, bajo presión y cumpliendo normativas en múltiples jurisdicciones.
Ahí radica la trampa: los equipos tratan la emisión de stablecoins como una funcionalidad más del blockchain, cuando en realidad operan más como un producto financiero regulado, sujeto a riesgos y dependiente de la liquidez.
Si tu organización no puede operar ese producto financiero día tras día —en medio de hackeos, interrupciones bancarias, pánicos de mercado y cambios regulatorios—, entonces no tienes una stablecoin. Tienes un pasivo disfrazado con un contrato inteligente.
Qué implica realmente la “infraestructura” para un emisor de stablecoin
Emitir una stablecoin requiere mucho más que habilidades técnicas. Se necesita capacidad operativa equivalente a la de una entidad financiera, aunque legalmente no se le clasifique como tal.
1) La redención es el producto, no el token
El valor de una stablecoin se sustenta en la percepción del mercado de que:
- las redenciones se cumplirán
- se harán en tiempo y forma
- seguirán reglas claras y justas
- funcionarán incluso en contextos de estrés financiero
Si la redención es limitada, lenta, parcial o sujeta a fallos operativos, el anclaje al dólar o al euro se convierte en una promesa de marketing, no en una garantía real.
Por eso las stablecoins creíbles se toman en serio la infraestructura bancaria: socios financieros, horarios de liquidación, flujos de tesorería y manejo de excepciones. “24/7 on-chain” carece de sentido si la redención solo opera en “horario de oficina”.
2) La gestión de reservas es una disciplina a tiempo completo
Una stablecoin solo es tan estable como lo sean sus reservas y gobierno de las mismas.
Gestionar las reservas implica:
- selección de activos (efectivo, bonos gubernamentales a corto plazo, repos, etc.)
- riesgos de concentración (dependencia de un único banco, custodio o instrumento)
- capacidad de liquidez bajo presión (¿puedes afrontar redenciones masivas rápidamente?)
- riesgos de duración y tasas de interés
- controles operativos (¿quién puede mover las reservas? ¿cómo se aprueban?)
Los organismos reguladores han advertido repetidamente que las stablecoins trasladan riesgos tradicionales del sistema financiero —como la falta de liquidez, descalces de vencimiento y dinámicas de corrida bancaria— a una nueva infraestructura. Para más contexto, consulta los estudios del Consejo de Estabilidad Financiera sobre stablecoins globales y las investigaciones del BIS sobre stablecoins y sistemas de pago.
3) El cumplimiento normativo no es una casilla: es el sistema operativo
Emitir una stablecoin implica gestionar:
- detección de sanciones internacionales
- obligaciones KYC / AML
- monitoreo de actividades sospechosas
- restricciones jurisdiccionales
- controles de riesgo con terceros
- actualizaciones normativas y auditorías
En 2025, una tendencia clave fue que las expectativas de cumplimiento normativo se extendieron más allá de los exchanges centralizados, hasta abarcar los flujos de pago, la infraestructura de stablecoins y las rampas de acceso institucionales. Aunque un token pueda moverse sin permisos, las interfaces del emisor con bancos, empresas e instancias de redención sí están sujetas a regulación.
Los lineamientos del GAFI sobre activos virtuales y VASP siguen siendo una referencia vital para quienes construyen y operan stablecoins.
4) Estructura del mercado: la liquidez se gana, no se presume
Muchos emisores asumen que la liquidez llegará automáticamente al lanzar el token. En la práctica, se necesita:
- creadores de mercado confiables
- términos legales claros
- oportunidades constantes para arbitraje entre emisión y redención
- soporte en exchanges y operación OTC
- divulgación transparente de riesgos
Sin esta base, la stablecoin puede perder su paridad en momentos de volatilidad, y la palabra “estable” se vuelve condicional. La realidad operativa es que la liquidez depende de relaciones comerciales, no solo de código en contratos inteligentes.
5) Seguridad y respuesta ante incidentes deben estar a la altura del riesgo sistémico
Si tu stablecoin alcanza cierto tamaño, se vuelve un blanco:
- explotación de contratos inteligentes
- fallos en puentes entre cadenas (si es multichain)
- ataques de phishing y suplantación
- compromisos en la cadena de suministro (por ejemplo, llaves privadas)
- amenazas internas y errores humanos
Los emisores de stablecoins necesitan adoptar estándares de seguridad similares a los de una infraestructura crítica: separación de funciones, gestión de claves basada en hardware, monitoreo riguroso y planes de respuesta ensayados.
Esto también destaca la importancia de la autocustodia: cuanta mayor seguridad tenga tu entorno para firmar transacciones, menos dependes de la postura de seguridad de terceros. Una stablecoin puede ser "estable", pero tu acceso a ella solo es tan seguro como tus llaves privadas.
¿Por qué tantas empresas quieren una stablecoin? (y cuándo sí tiene sentido)
La demanda es comprensible. Una stablecoin bien administrada puede:
- reducir fricciones en pagos internacionales
- habilitar pagos programables 24/7
- mejorar la eficiencia de tesorería para empresas nativas del blockchain
- abrir nuevos canales de distribución (monederos, apps, APIs de pagos)
- facilitar activos tokenizados y mercados de capital on-chain
En 2025, la narrativa evolucionó: las stablecoins dejaron de ser solo para trading y pasaron a ser capas de liquidación para activos del mundo real tokenizados, gestión de tesorería on-chain y pagos B2B. Esta evolución va de la mano con las investigaciones institucionales sobre tokenización y el futuro de la infraestructura de mercado (ver el hub sobre tokenización del BIS).
Emitir una stablecoin puede ser razonable si el emisor cuenta (o puede construir de forma creíble) la infraestructura operativa aquí descrita —y si existe una necesidad de negocio real que no pueda ser satisfecha adoptando una stablecoin ya existente.
El costo oculto: emitir una stablecoin es una promesa a largo plazo
Emitir una stablecoin equivale a comprometerse con:
- solvencia permanente (reservas sólidas)
- liquidez permanente (redenciones bajo presión)
- cumplimiento normativo constante (las leyes cambian)
- transparencia permanente (el mercado la exige)
Por eso decir “lanzaremos una stablecoin” no es comparable a “lanzaremos un token”.
Se parece más a decir: operaremos un servicio financiero confiable y crítico de forma indefinida.
Lo que deben observar los usuarios: lista práctica para evaluar una stablecoin
Si eres trader, desarrollador o usuario a largo plazo que utiliza stablecoins para pagos o como ahorro, céntrate en lo esencial:
- Claridad en la redención: ¿Quién puede redimir? ¿Qué tan rápido? ¿Bajo qué condiciones?
- Transparencia de reservas: ¿Las certificaciones son frecuentes? ¿Las reservas están bien explicadas?
- Posición regulatoria: ¿El emisor opera dentro de un marco de cumplimiento creíble?
- Resiliencia operativa: ¿Ha enfrentado bien escenarios de estrés en el mercado?
- Exposición multichain: Si opera en varias cadenas, ¿usa puentes o emite directamente en cada una?
- Riesgo de concentración: ¿Depende excesivamente de un solo banco, custodio o país?
Para una visión general sobre tipos de stablecoins y sus riesgos, los recursos del FMI sobre dinero digital y criptoactivos son un buen punto de partida neutral.
El papel de la autocustodia: las stablecoins solo son útiles si tú controlas el acceso
Incluso la stablecoin mejor gestionada no elimina los riesgos individuales:
- bloqueos en exchanges
- robos de cuentas
- phishing
- ataques por intercambio de SIM
- malware que roba claves
Para muchos usuarios, las stablecoins son capital de trabajo: se usan en nóminas, pagos, colateral en trading y transferencias internacionales. Por tanto, el manejo de su almacenamiento no es ideológico, sino operacional.
Un monedero físico como OneKey puede ser una capa práctica adicional: mantiene las claves privadas fuera de dispositivos conectados a internet y permite usar stablecoins a diario en las principales redes bloqueando pérdidas totales en caso de que una computadora o extensión se vea comprometida.
Si tu saldo en stablecoins es significativo, proteger el entorno de firma es parte de la misma disciplina sobre la que advierte la “trampa de la stablecoin”: en finanzas, la confiabilidad es el producto.
Conclusión: las stablecoins premian a quienes se lo toman en serio —y castigan los atajos
La advertencia de Circle es, en el fondo, un recordatorio sobre incentivos y responsabilidades:
- Una stablecoin no es “solo un token”.
- La confianza no se crea en el lanzamiento; se construye cada día.
- Liquidez, cumplimiento y seguridad son el verdadero diferencial.
En 2025 y más allá, las stablecoins seguirán expandiéndose en casos de uso reales como pagos y liquidaciones. Pero los ganadores no serán quienes lancen el contrato inteligente más rápido, sino quienes operen la infraestructura stablecoin como si fuera un componente crítico del sistema financiero.
Y para los usuarios, el enfoque más inteligente también es el menos glamoroso: elegir stablecoins con bases operativas sólidas, mantenerse alerta ante riesgos cambiantes y proteger el acceso mediante buenas prácticas de autocustodia.



